Por Rab. Yosef Romano
El Nombre Divino que se escribe con cuatro letras hebreas y se pronuncia de manera distinta a la que se escribe, es el Nombre de Su Esencia. Este Nombre se refiere al pasado, al presente y al futuro. Es decir, que es Eterno, fuera de las restricciones del tiempo, fue, es y será. Sin embargo, tiene otros Nombres, y aparecen tanto en la Torá como en los rezos. Por definición Él es único, no cambia, entonces, ¿por qué hay otros Nombres? ¿Acaso eso no daría la impresión de que se trata de más de una deidad, jas veshalom?

Podemos responder esto al recordar que Él es nuestro Padre. Si un padre ve que su hijo está haciendo algo peligroso, seguramente lo reprochará. Quizás incluso lo castigue. Esto no significa que no lo quiera. Al revés, la amonestación proviene del amor, le importa y por eso quiere que deje de hacer cosas peligrosas. D-s se comporta con nosotros de la misma manera, una situación difícil no representa una falta de importancia, por lo contrario, denota cariño. Así como es el mismo padre el que cuida a su hijo y le da regalos y el que lo reprocha, es el Mismo Padre el que nos cuida, nos da regalos y nos reprocha.
Ahora entendemos cómo el Hacedor tiene diferentes Nombres, son Sus atributos. Si muestra enojo o dominio Lo veremos de manera distinta a cuando muestra abiertamente Su amor. Empero, Él no cambia, sólo nuestra percepción. Por eso nuestra declaración de fe es el Shemá, recalcamos que Hashem, que es nuestro D-s todopoderoso, es Hashem, el Mismo, Aquel que no cambia. En otras palabras, expresamos que lo que contemplamos como D-s que provee y a veces como D-s que reprocha, realmente es Hashem, uno solo. Por eso es tan importante proclamar este fundamento de fe todos los días, por lo menos tres veces diariamente. Así se nos grabará en la mente esta gran enseñanza.
Basado en las palabras de Rabí Mordejay Groner
Shabat shalom

Gracias ! Es un gran aprendizaje