Por Rab. Yosef Romano
Cada integrante de un ejército tiene una función distinta, hay quien vuela un cazabombardero, otro está en la armada, uno forma parte de los paracaidistas, otro procura el armamento, hay quien se encarga de alimentar a todas las tropas… todos tienen una parte importante e intransferible. Todos los miembros del Pueblo de Israel somos parte del ejército del Creador. Algunos individuos se encuentran en el frente físico. Otros están ocupados de la seguridad de las comunicaciones, verificando radares y preocupados de que no se infiltren espías cibernéticos, etc.

Muchos de nosotros estamos físicamente lejos de nuestra querida Tierra de Israel —pero emocionalmente cercanos a ella— y nos cuestionamos qué podemos hacer por la situación actual. Este mundo material oculta el mundo espiritual que es el verdadero motor del físico. Es decir, cuando el Pueblo de Israel realiza la Voluntad Divina la victoria está prácticamente asegurada. Nuestro enfoque siempre debe ser en qué podemos mejorar. Si alguien piensa que la guerra se gana gracias a la superioridad del ejército israelí está equivocado. Innegablemente D-s quiere que el Pueblo de Israel se defienda de manera natural, consiguiendo los mejores aviones, el mejor entrenamiento, las mejores armas. Sin embargo, el esfuerzo material siempre es una cubierta para los milagros del Eterno. El dinero, el éxito en la batalla, la felicidad, la salud… todo proviene del Cielo, hay que hacer un esfuerzo natural, pero el esfuerzo espiritual es el más importante.
Por ejemplo, una persona que da una moneda para tsedaká puede salvar a cinco soldados, por decir. El que dice unos capítulos de Tehilim puede acabar con unos cuantos enemigos. El individuo que estudia Torá asiduamente puede tener la fuerza de proteger a toda una división del ejército israelí. Todos somos hermanos, todos estamos unidos, aquel que está en el frente debe también ser cuidadoso de su deber espiritual. Aquellos que no lo estamos tenemos que entender que toda buena acción puede darnos la victoria, en cualquier parte del planeta. Mientras más nos reforcemos, más probabilidades de paz tendremos, junto con el mundo entero. Aprovechemos nuestras fuerzas para acercarnos un poco más a D-s, recemos con un poco más de concentración y no olvidemos a nuestros hermanos en el frente.
Shabat Shalom
Ampliado de las palabras de Rab Meír S. Sperling
