Por Rab. Yosef Romano
Después de que la primera pareja pecó al comer de la fruta prohibida D-s se acercó y la pareja se escondió. El Eterno le pregunta al hombre “¿dónde estás?”, responde: “Oí Tu Voz, tuve miedo y me escondí”. Después el bendito Creador sigue con la siguiente pregunta: “¿Comiste del árbol …?”. Según nuestra lógica, D-s tendría que haber preguntado desde un principio si Adam comió del fruto. Puesto que D-s sabe todo, debemos entender la pregunta como una manera de “romper el hielo” y entablar una conversación con Adam.

Tratemos de entender por qué el Todopoderoso no comenzó el diálogo de la manera esperada, sino preguntándole dónde estaba. Esa pregunta tenía la finalidad de reprochar, “¿por qué te escondes de Mí?”. Después de la caída Adam quiso ocultarse de su Padre, seguramente sintió que ya no podía acercarse a Él. Adam y su mujer, Javá, se apartaron del Eterno, y también de sí mismos, se escondieron de su propia grandeza.
Esto es algo que nos puede suceder a nosotros mismos. Es común que después de una falla, de un pecado, el individuo sienta una lejanía con Aquel que le ordenó no pecar. Pero D-s le dijo a Adam: “¿Por qué te escondes? Es cierto, pecaste… pero tratemos de reparar esta situación juntos, remediemos lo que podamos”. Con nosotros es lo mismo, el individuo indudablemente caerá en el pecado, pero debe tratar de reparar apegándose al Omnisciente, no alejándose de Él. Es posible que después de una ruptura en una relación ésta se haga más fuerte. Lo mismo es cierto con Él, una plegaria de lo más profundo del corazón, rogándole que nos ayude a no volver a pecar puede remediar mucho. Aprovechemos el regalo de la teshubá.
Shabbat shalom
Ampliado ligeramente de las palabras de Rab Y. Y. Jacobson
