Palabras de Rab. Yosef Romano
En cierto periodo de la historia del Pueblo de Israel sufrimos ataques de índole espiritual, fuimos acosados por diferentes grupos de herejes, hace como dos mil años. Para combatir tal situación los jajamim se vieron obligados a agregar otra petición en la amidá, por ello ahora son 19 bendiciones que recitamos, en vez de las 18 originales. Cuando los sabios buscaron a un erudito para componer ese pedido, eligieron a Shemuel Ha-katán, un enorme erudito extremadamente humilde.

De entre todas las luminarias realmente gigantescas que vivían en esa época se escogió a Shemuel Ha-katán, ¿por qué? En el Pirké Abot él enseñó lo siguiente: “No te alegres cuando se cae tu enemigo, y que tu corazón no se regocije cuando se tropieza; no sea que Hashem vea y sea malo [ante] Sus Ojos y regrese de él Su enojo” (Mishlé 24:17-18), (4:19). Es interesante notar que casi todo el Pirké Abot está basado en enseñanzas de los sabios y no en versículos, pero Shemuel Ha-katán no dijo nada propio. Se dio cuenta que era muy importante recordarles a las personas la importancia de no alegrarse de la caída de los enemigos. Siendo que él cumplía cabalmente lo que predicaba, no tenía ningún sentimiento de venganza al redactar esta petición. Por eso no se pudo escoger a ningún otro sabio para tal misión.
Esto debe ser una lección muy importante para nosotros, si a veces tenemos intereses personales en obtener algo, tratemos de retirarnos de esa situación, no sea que arriesguemos nuestra integridad. Además, aprendemos de este suceso la grandeza de nuestros eruditos, pues sólo se eligió a Shemuel Ha-katán por su desinterés en disfrutar de la caída de los malos. Tratemos de no complacernos cuando un enemigo sufre un desliz, no es fácil, pero la Torá nos exige esto. Ojalá aprendamos de las bellas cualidades de nuestros sabios, tanto de antaño como de hoy en día.
Ampliado de las palabras de Rab Itsjak Goodman
Shabat Shalom
